
Para los que en el cine buscamos algo más que productos prefabricados, por lo general mediocres, destinados a reventar las taquillas (sin descartar estos, ocasionalmente), la presencia en un mismo cartel de “leyendas vivas” del cine de la talla de Vanessa Redgrave, Glenn Close y Meryl Streep es, más bien podría ser una garantía de calidad. Tal es el caso de la recién estrenada “El atardecer” (Evening), dirigida por Lajos Koltai. Además, el trailer, visto hace ya unas semanas, parecía avanzar un gran ejercicio de cine “de autor”, “intimista”, o cuantos calificativos entrecomillados quieran añadirse.
Con el buen ánimo de estos refrendos decidí acercarme al cine a verla. A la salida no pude evitar sentirme profundamente decepcionado. Recordé lo que alguien me dijo sobre una reciente película española, “En la ciudad de Silvia”, definida como “una hora y media de un tío persiguiendo a una mujer por una ciudad, sin decir ni palabra, sin que nada pase”. El atardecer es una larga historia sobre la nada hecha cine. Más bien una “no-historia”, ya que muy avanzada la película uno se da cuenta de que la poca sustancia de las imágenes se ve acompañada con una nula intención de complicar la trama para hacerla algo interesante, para estructurar un argumento.
Las actrices maduras de “El atardecer”, simplemente impresionantes, aunque a estas alturas cualquier hueso que se las lance será bien digerido. Otra cosa son las jóvenes, una terrible Mamie Gummer haciendo de joven Meryl Streep, o una correcta aunque algo inexpresiva Claire Danes como la joven Ann, protagonista de esta “no-historia”.
La música, del emergente Jan A. P. Kaczmarek, resulta correcta, aunque algo plana, lo que contribuye al sopor en la sala. La fotografía, la dirección artística o el vestuario contribuyen, de forma algo acartonada, a definir los saltos en el tiempo en los que (de forma cuestionable) se estructura la película. Todos estos elementos, en conjunto, no contribuyen a crear una emoción en el espectador. Películas como La Fuerza del Cariño o El Diario de Noah, de estructuras parecidas, sí consiguen llegar al espectador, con un guión bien hilado y unas situaciones verosímiles. Pero en El atardecer, episodios lamentables como el de la “enfermera de noche”, más propio de los desvaríos de David Lynch que de un drama lineal como este, contribuyen a restar credibilidad a una historia ya de por sí débil.
Uno se pregunta, como en tantos casos últimamente, si el director, Koltai, no se paró en ningún momento a pensar “¿Pero qué demonios estoy haciendo?”. Entiendo, ya que se trata de un gran negocio, que grandes producciones destinadas a llenar las cajas de los estudios adolezcan de estos problemas (falta de guión, de trama, de sentido común, de buen hacer), ya que sean lo que sean, recaudarán buenas taquillas, que es para lo que han sido hechas. Pero me niego a asumir que en este cine “intimista”, de pequeñas historias (pequeñas “no-historias”), ningún miembro del equipo se haya dado cuenta de que la película no iba a ninguna parte, y que no provocaría sino el bostezo en el público.
Y es que, a poco que uno haya ido al cine, haya sido público unas cuantas veces, haya bebido de varios géneros y nacionalidades, unas cuantas películas, puede saber perfectamente lo que gusta y lo que no gusta. No creo que exista la calidad objetiva. Sí creo que todas, absolutamente todas las películas tienen algo bueno, aprovechable. Ya sea unas líneas de guión, un enfoque de cámara, una ambientación, o en última instancia, algo que nunca se deba hacer. Lajos Koltai forma parte de esa generación de cineastas, formada por otros insignes directores como Agustín Díaz Yanes, José Luis Garci, o Guy Ritchie, que sin contar con grandes presupuestos (lo cual me hace presuponer un cierto carácter personal en sus películas, y cierta libertad creativa no sujeta a la imperiosa necesidad de obtener beneficios, aunque no por ello exentos del deber de intentar conseguirlos), no deben haber visto muchas más películas que las suyas propias, ya que poco o nada saben no ya de los gustos del público, sino de buen hacer. Esa es la única explicación que encuentro para que un individuo que cuenta con medios dignos e intérpretes estelares, haya generado tan tediosa cinta.
Después de haber visto “El atardecer”, no puedo por menos que preguntarme ¿Qué habría pasado si, en vez de estructura de flashbacks, el guión se hubiera centrado en la historia ambientada en los 50, con las jóvenes y casaderas protagonistas?. Para mí la respuesta a esta pregunta define muy bien la película: habría sido la “nada” hecha cine. Una historia insustancial, como hay mil, de las que ahora se llaman, como dije antes, “intimistas”. Aburridas, sin más.
Ficha en imdb ; Web oficial
Lo mejor: Meryl Streep
Lo peor: La historia
Nota: 4
Cine y día: 10-12-2007, cines Van Dyck, sesión 17:30